JOHANN SINDEL

Johann Sindel, alemán de Núremberg, fue contratado en 1933 por Alberto Fernández Martín como jefe de taller, ya que era gran conocedor de los sistemas de producción de lápices en Alemania.
“Su conocido logotipo compuesto por dos figuras humanas con las manos entrelazadas se convirtió también en su marca registrada. Bajo este símbolo de identificación, fabricaba lápices de mina de grafito y de colores, plumillas de acero y peines de caucho.
Uno de sus productos más exitosos fue el lápiz de la marca Johan Sindel, muy apreciado por la calidad de su madera de cedro americano y su mina de grafito (…)”
“Sindel dirigía el proceso de fabricación, lo que suponía un elevado coste para la fábrica, ya que su sueldo estaba incluso por encima de los ingresos salariales del gerente. Otra de las claves del éxito de la Hispania fue su exquisita presentación en el mercado.”
(La Opinión La Coruña. Emprendedores coruñeses del XIX.
Aunque hay disparidad de criterios, pues algunos atribuyen el edificio al arquitecto Lastra, o incluso al arquitecto municipal Nemesio López Rodríguez, lo probable es que la fábrica fuese proyectada por el arquitecto Rodolfo Ucha Piñeiro, nacido en Vigo el 27 de septiembre de 1882, que trabajó igualmente como arquitecto municipal de Ferrol hasta 1936.
Aunque los trabajos de este arquitecto, prolífico en la ciudad de Ferrol, se caracterizaron por su apego a la estética modernista, la tipología de la fábrica de lápices es más cercana al racionalismo industrial, con toques expresionistas propios de los años treinta del siglo XX.
La desaparición del antiguo tejido industrial urbano de Ferrol está relacionado con el periodo de crisis y reconversión que se vivió en los años ochenta, en los que la principal industria que eran los astilleros hubo de sortear su primera gran crisis.
Con la desaparición de la fábrica de lápices Hispania, desaparecerían también Pysbe, la Fábrica de Jabones Pucho, la Fenya y otra fábrica más de lápices en Canido.
Y en A Malata, donde actualmente se encuentra el estadio, la enorme planta de Peninsular Maderera, de los tiempos en que Guinea era colonia española y la madera salía gratis, desaparecería igualmente, dejando liberado su gran solar.
