PLAGIO
La llegada de Internet, influyó notoriamente en la propagación de la literatura que sobrepasó las tradicionales fronteras del libro, para estar con amplitud, al alcance de la innumerabilidad. Los autores famosos cedieron espacio a creadores inéditos que encontraron en este medio masivo, donde publicar sus creaciones.
Y el mundo literario, ya colmado de composiciones, vio expandido con profusión su impulso creativo. Pero ya había megatones de erudición y sabiduría pesando sobre el genio de la inspiración. La originalidad se hace cada día más difícil y no es que no existan grandes creadores.
Pero cuando se escribe sobre cualquier tema, recordamos a tantos que han disertado o publicado sobre esa misma materia. Nuestras golondrinas nos hacen recordar necesariamente a las golondrinas que Bécquer, afirma que volverían a colgar sus nidos en el balcón de su amada. Lo mismo pasaría si usásemos el término poniente que nos sonaría al inmortal Jorge Luis Borges.
Palabras y frases nos rechinan repetidas o parecidas a infinidad de creaciones de otros autores que ya hemos escuchado. Surge por lo tanto en nosotros una verdadera autocrítica que restringe e intimida nuestro ingenio...
Nos sucedió cuando escribimos el poema “Y TE LLAMO DESEO” - en el año 2002. Sentía la sensación de que ya había escuchado esa frase antes en otro poema, que lógicamente no era mío. Lo consulté con la profesora del taller y con varios amigos y nadie lo encontró similar o parecido a ningún poema conocido; pero no lo publiqué, lo dejé en el “freezer” casi dos años.
Hasta que un día en que un programa recordatorio del fallecimiento de Marlon Brando, lo citaron entre otras películas como actor de Un tranvía llamado deseo, de Elia Kazan. Recordé en ese momento que era lo que inquietaba a mi memoria; pero mi poema no tenía ninguna coincidencia a no ser la palabra llamado y deseo, y yo titulé el poema “ Y TE LLAMO DESEO” (poema que aparece en la sesión poemas, de este sitio)
Podría si tuviese que disculparme, decir que hubo Intertextualidad involuntaria, pero esa palabra como el plagio, la imitación o el parafraseó le rechinan a nuestra profesora y no nos son necesarias porqué ambas palabras no son patrimonio de nadie y menos cuando no existe ninguna coincidencia temática.
Después de más de dos años de congelamiento, decidí incluir el poema y se publicó. ¡Pero hay tantos autores, que no hemos leído y tantos que no se han traducido!. Que afirmar que lo que hemos creado, es realmente original sería una auténtica osadía. Alguien ya pudo haber escrito algo parecido, superior o peor a lo que nosotros terminamos de escribir.
Lo que sería difícil de comprobar rápidamente dadas las toneladas de erudición que pesan sobre la profusa creación literaria. Pero a pesar de ello, no podemos permitir nunca que el miedo al plagio, nos imprima efectos desmoralizadores y menos, que nos ate las manos. Un amigo editó un cuento con tres comillados importantes.
Cuando se le preguntó por qué motivo, contestó que lo hizo por precaución, pues le parecía haber leído algo parecido. Cuando presentó la importante tirada, comentamos el tema en la celebración con varios críticos y consecuentes lectores, ninguno de ellos había leído nada parecido o semejante. Como nosotros; todos le expresaron que aquellas comillas eran innecesarias...
Después de ello, he comprendido que no hay otro camino que arriesgarse, rehuir de nuestras alarmas y atreverse. La inspiración no tiene limites y a pesar de que todos los temas, ya deben haber sido cantados; cada individuo tiene su propia peculiaridad, rasgos y atributos, distintos a todos los demás, el llamado Sello Individual, único e intransferible.
Otro riesgo que hemos analizado en el taller, es el de crear en el estilo de otros, que es más frecuente. A veces frente a una creación expresamos; es indudable que el autor “ ha leído mucho a Bécquer, Borges o a Neruda ”... Ha pasado en el taller, con autores jóvenes y lo que le aconsejamos es que lean varios autores a la vez.
Para no dejarse influir así, por su autor predilecto y para que vayan determinando su propio e individual estilo... Mientras tanto, el miedo al plagio no nos debe impedir incursionar en ningún tema. Pese a que ya, lo hayan escrito miles y celebrados autores antes que nosotros. De lo contrario no podríamos cantarle ya más al amor, que ha sido y será un tema eterno y recurrente. Nada impide citar una frase ajena, siempre que usemos comillas y citemos a su autor.
Como ya lo dijo Quevedo, “Eráse un hombre a una nariz pegado”) etc. Pero, ni las oscuras golondrinas de Bécquer, que para nosotros es el símbolo de la poesía, nos puede impedir que mencionemos nuestras propias golondrinas. Como cuando decimos: “las ultimas golondrinas ya emprendieron sus largas travesías”, esas golondrinas nos nuestras, no son las de Bécquer.
Y tus golondrinas serán tuyas y propias, sin lesionar los derechos de autor y la propiedad intelectual de nadie. Muy distinto sería si pusieras “Regresaran las brillantes golondrinas en tu terraza, sus moradas a pender y otra vez con sus plumas azuladas en los vidrios de tu ventana golpearán”
Esta exposición plagiaria; escrita intencionalmente para ilustrar específicamente este argumento; no es un simple parafraseó ni una Intertextualidad; es ¡sí! Un evidente de plagio, con intencionalidad inequívoca de apoderarse de algo ajeno, aun que se utilicen palabras diferentes.
Pero mientras no exista una deliberada intención de copiar o imitar; todas las golondrinas son libres y las puedes emplear a tu antojo, “mientras no las mates que ya quedan pocas y se ven, cada vez menos”. Según hemos leído, los autores clásicos, “no todos” se robaban con impunidad y se habla de personajes, como los laureados “Virgilio” (Publio Virgilio Marone, y “Horacio” (Quinto Horacio Flaco), Fray Luis de León, Ramón Del Valle Inclán, con su larga barba, Fedor Dostoievski, también barbado, entre tantos que se plagiaban descaradamente según se ha afirmado reiteradamente...
No debemos olvidar que hasta el mismo Neruda fue acusado de plagiar a R. Tagore, cuando el propio Neruda aclaró antes del poema la siguiente información: “Parafraseando a R. Tagore”. Lo que no evitó que Pablo de Rokha, lo llamara por ello; “El Sapo Plagiario”, lo que es un exabrupto, pues Neruda lo aclaraba específicamente, antes del titulo.
A todos ellos, ya no les debe asustar los derechos de autor, ni el escarnio público, ni las penas o indemnizaciones que el juez pueda decretar, pues escaparon del alcance de su jurisdicción, pero los vivos estamos bajo su competencia...
Pero he aquí una pregunta: - ¿ Y si después de una acusación de plagio, se descubre que el tema del autor supuestamente plagiado, no fuera necesariamente de su total y estricta autoría? Que ya había sido escrito algo similar trescientos o quinientos años antes, por otro autor poco conocido.
¡Se dice reiteradamente que ya no hay nada nuevo sobre la tierra!... No dejes de crear por ello, ni te limites, por miedo al plagio, ni permitas que tu fuerza creadora se cohíba, trata de lograr tu propio estilo, elige la mejor golondrina y cántale sin temor. ¡Lo que está vedado es la copia directa o disfrazada!
¡Y tú golondrina puede ser la más hermosa de todas!
El respeto a la propiedad intelectual, es importante y necesario para todo creador que respete y que se respete a sí mismo, pero tampoco da para la sandez que nos a tocado escuchar de plagiar tendencias o ideales.
De lo contrario todo será plagio, para que al final, nada lo sea. O la famosa acusación de aquel autor, que asesorado seguramente por Angra Mainyu; o “ Ghul” el espíritu burlón, acusó a otro de plagio, cuando el supuesto plagiario había muerto un siglo antes que él naciera.
Como alguien dijo: "No se de donde eres, pero te pido que respetes y entiendas que el plagio, aparte de ser un robo, anula tu capacidad creadora, tu puedes llegar a ser mejor que todos, si te lo propones..."

