DR. JOSE D. MAUTONE


El Médico Dr. Darío Pérez. Es hijo de San Carlos y ocupa por dos veces consecutivas una Banca en la Cámara de Diputados, representando al departamento.
Como esta página no tiene filiación política, nos limitamos como lo haremos con el resto de nuestros representantes en el parlamento, edición tras edición, a una escueta e imparcial presentación.

Para definirlo: un corazón enorme, una honradez acrisolada, un servidor público de siempre, en su comercio La recordada Confitería Urbín, nuestro querido Negro, como todos le conocían era un continúo bienhechor, humanitario, generoso, como nos lo recordaba Heber (Chano) Gallegos, jamás permitió que ningún desamparado se fuera con hambre, canillitas y mendigos, recibían constantemente la mano caritativa y no con sobras, les servia lo mismo que vendían a cualquier cliente...
Antes que la empresa Abate se estableciera en San Carlos, enterrar a un desamparado era un drama. El Negro salía en su habitual recorrida que comenzaba en la caja popular, visitando a Don Alfredo Barata. Luego pasaba por la sastrería Améndola y Casa Abásolo y otros comercios haciendo una colecta para pagar el entierro de un desvalido.
Nos contó el propio Negro Urbín, que cuando Don Manuel Várela, que tenía la Agencia de Quinielas, se enteraba que estaba en esa tarea, salía a su alcance. Y Don Varela ponía el resto. A veces el Negro recién había comenzaba la colecta y Várela le decía: Cuanto te falta.
En ocasiones le faltaba bastante, pero Várela le pedía que no caminara más, que a otros la plata le costaba mucho ganarla. Y que él la ganaba muy fácil. Una anécdota que merece rescatarse nos decía Don David. También nos contó algo que muchos ignoraban de aquellos tiempos.
En esos momentos, se esperaba hasta 48 horas, para que las autoridades recién ordenaran el entierro de un indigente por razones de salubridad como estaba establecido. Cuando llegó la empresa Abatte, que se instaló en la calle Curbelo casi Treinta y Tres, la cosa cambió.
Ya que esta empresa comenzó a enterrar gratis a los desposeídos y fue cuando Don David cesó en este cometido que había tomado como una obligación. Ustedes comprobaran comenzamos recordando el pasado para obligarnos a forjar nuestro futuro.

El Doctor Julio Volonté fue un regalo de la suerte para San Carlos, humano, bohemio, bonachón, desempeñó su profesión de psiquiatra con abnegación, fue buen amigo, buen compañero, amaba a su cuadro Libertad, quizás y sin quizás porque la misma palabra tenía un hondo significado para él. Luchó por el Hospital, como un vecino más de San Carlos, pueblo al que amó profundamente y al que entregó lo mejor de sí. La muerte se lo llevó sorpresiva e inesperadamente y San Carlos lo lloró sin distinción de clases ni ideologías, porque él estaba por encima de todo ello...
Numerosos oradores le despidieron aquel triste 5 de agosto de 1992 y cerró la parte oratoria el poeta Leonel Cugnetti que en una hoja mano escrita se dirigió a él directa-mente de la siguiente forma:
Dr. Julio Volonté: Querido Amigo.
Tengo que confesarte que a último momento tuve miedo de que mi mente me traicionara y la impotencia del dolor, no me permitieran improvisar coherentemente, en el momento en que nos hemos reunido para decirte del cariño, del afecto y del agrade-cimiento que sentimos por ti. Por ello he escrito estas palabras, que no por estar escritas llegan a interpretar el profundo abatimiento que tu muerte provoca en todos nosotros.
Es muy difícil despedir a un amigo como tú, especialmente porqué no queremos decirte adiós para siempre. Lloramos por tu muerte, pero también lloramos por nosotros mismos que ya no contaremos más tu apoyo, tu consejo ni tu respaldo... Recién ahora y cada día que transcurra más, iremos comprendiendo la enorme seguridad que tu presencia significaba. Fuiste un gran amigo, pero amigo en él más exacto sentido de la palabra. Somos testigos de tu entrega por entero en la tarea de servir...
Ayer alguien me decía utilizando un dicho popular que muy pocos llegan a ganarse realmente “ Que tú eras un gaucho de los que nunca dejan a nadie a pie” y eso es tan cierto. Siempre encontrabas soluciones y siempre extendías tu mano abierta y solida-ria, cuando era requerido tu apoyo, tu consejo o tu ayuda...
En la medicina, en la política, en el deporte, así como en todas las obras que contaron con tu adhesión, en todas ellas lograste el respeto, aprecio y el afecto de todos.
Podía seguir hablando, pero las palabras se diluyen fácilmente y se olvidan muy rápido... Además, jamás llegarían a transmitir ni interpretar esta angustia que labios abajo, como un dolor se nos a quedado en la garganta, desde que supimos que ya no llegaría un milagro que nos devolviera tu presencia, tu jovialidad y tu entereza...
Por eso, hoy aquí delante de tu familia, de tus amigos y de tu pueblo solo quiero decirte bien pero bien alto, ¡Amigo Julio, te queremos! Te recordáremos siempre, ya te estamos extrañando. ¡Gracias por tu amistad! ¡ Gracias por todo lo que diste y perdón, perdón por no haber podido nunca retribuirte, como tú lo merecías...
Sabemos que habrá paz en tu tumba. En tu pueblo, el olvido no llegará nunca.


DON ALFREDO BARATTA
Y ROBERTO LAMAISON
Gerente de la Caja Popular de San Carlos, un símbolo de la honradez de nuestra sociedad. Su palabra un testamento que valía más que cualquier documento firmado por cien escribanos. Un símbolo de un San Carlos que nosotros conocimos.
Un San Carlos de canceles y zaguanes abiertos, de puertas sin llaves, que formaban una familia grande con respeto por unos y otros. Una anécdota que recordaremos para siempre, había llegado de Montevideo donde vivíamos.
Tenía unos diez o doce años y mi abuela que había vendido una casa en Carlos Reyles, me mandó con dos sobres de dinero uno en cada bolsillo interno de la campera y me dijo: "le entregas esto a don Alfredo".
Nosotros que veníamos de otro lado le preguntamos a mi abuela: "¿ le pido un recibo?" - "No -me contestó categóricamente- a Don Alfredo no se le pide recibo". Este es el hombre que homenajeamos en esta invocación.
Don Alfredo: Gracias por su siembra.

Un carolino que se ha dedicado a recopilar, historias y fotos de personajes de nuestra ciudad. Dice que no es un historiador, pero ha recopilado una colección amplísima de personajes y fotos de nuestro pasado y presente, fueran humildes y de relumbrón...
Humilde, sencillo, no se reconoce como analista, dice que es un archivador, pero nosotros decimos que es alguien que está aportando mucho para nuestro pasado y para nuestro futuro.
La tarea de recopilador de personajes y acontecimientos que realiza Juan, no se reduce simplemente a acopiar papeles, se amplía enditarlo, numerarlos, encuadernarlos y distribuirlos para que formen parte del acervo histórico de nuestra región.
Pero antes de ello se asesora, investiga en archivos y en memorias, busca datos, los compagina y lleva estadísticas. En octubre de 1998 había entregado a la biblioteca municipal, 415 folletos, y en mazo de 2003 había contribuido a la historia regional la cantidad de 1148 registros.
Estos documentos relativos a nuestro pasado, son una verdadera puerta para nuestro porvenir. La vida, de nuestro pueblo, historias, semblanzas, acontecimientos y hazañas que forjaron la idiosincrasia de la carolinidad de hoy están registrados en esos sencillos librillos que él dejará gravados gratuitamente para las generaciones que nos sucedan.
Y Don Juan lo hace en forma honoraria y a su propio costo. El dice que no es un historiador y se da otros títulos, pero para nosotros lo es, y con el agregado de que no lo hace ni por honores, ni por laureles, ni buscando ser reconocido por su obra, lo hace por su autentica vocación de verdadero historiador.



LA SEÑORA ELPIDIA HARECHE DE BIANCHI
Esposa de un gran hombre y madre de respetables, queridos y valiosos ciudadanos de nuestra ciudad. Elegante, distinguida, amable, integrada a nuestra ciudad, a la que aportó su urbanidad, corrección y cultura. Junto a su foto y la recreación sicofísica de nuestra distinguida evocada...

Plácida, fue una de las mujeres mas bellas y cultas que se conocieron en Maldonado. En aquella época se decía, que quien escribió "yo vendo unos ojos negros, quien me los quiere comprar", se habían inspirado en sus ojos...
Estaba casada con Don Ángel W. Rubio, el orador más brillante que hasta ahora hemos conocido. Tuvo dos hijos, Gladis Rubio Fajardo (que fue Mis Uruguay en el año 1962) y Oscar Rubio Fajardo.
Participaba del Club de los Pensadores y de las Peñas literarias, que se realizaban en Maldonado, hasta mediados de la década del sesenta, en casa de Don Artigas Bengoechea. No podemos asegurar que las fechas sean muy precisas.
Allí Plácida Stella, como todos, participaba en las reuniones, pero como detestaba que le publicásemos sus poesías, como sucediera en una oportunidad. Acostumbraba a romper sus poemas y echarlos en la churrasquera, centro de la reunión, diciendo que ella los guardaba en un cuaderno, lo que no era cierto.
Historia del Poema "Payaso":
Llovía con tal intensidad, que la reunión que esa semana se congregar en el Chalet de la Educacionista Angeli Laferranderi de Caraballo se realizó en el libing. Plácida después de leer su poesía, no teniendo donde quemarla la guardó, pero luego de un rato tratando de pasar inadvertida salió y arrojó su poema en un tacho de basura.
Desapercibidamente alguien que la observaba y también salió al patio y rescató, húmeda pero visible, la hoja que contenía este hermoso poema con el que hoy podemos deleitarnos. La autora del mismo solo recibió un reconocimiento póstumo, ya que el Grupo Independiente de Artes y Letras, como homenaje a la dignidad femenina, organizó un concurso literario en su memoria, que llevaba su nombre.
