¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Copla popular de autor desconocido

José Hernández – 1834-1886 - Autor de Martín Fierro
CANTOR Y GAUCHO
Introducción :
Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.
Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No las quieren sustentar:
Parece que sin largar
Se cansaron en partidas.
Mas ande otro criollo pasa
Martin fierro ha de pasar,
Nada la hace recular
Ni las fantasmas lo espantan;
Y dende que todos cantan
Yo también quiero cantar.
CONSEJOS Y MUERTE DEL VIEJO VIZCACHA

"Siempre andaba retobao:
Con ninguno solía hablar;
Se divertía en escarbar
Y hacer marcas con el dedo,
Y en cuanto se ponía en pedo
Me empezaba a aconsejar.
Me parece que lo veo
Con su poncho calamaco,
Despues de echar un güen taco,
Ansí principiaba a hablar:
"Jamás llegues a parar
Ande veas perros flacos."
"El primer cuidao del hombre
Es defender el pellejo.
Lleváte de mi consejo,
Fijáte bien en lo que hablo:
El diablo sabe por diablo,
Pero más sabe por viejo."
"Hacéte amigo del juez;
No le des de que quejarse;
Y cuando quiera enojarse
Vos te debés encoger,
Pues siempre es güeno tener
Palenque ande ir a rascarse."
" Nunca le llevés la contra,
Porque él manda la gavilla:
Allí sentao en su silla,
Ningún güey le sale bravo;
A uno le da con el clavo
Y a otro con la cantramilla."
"El hombre, hasta el más soberbio,
Con más espinas que un tala,
Aflueja andando en la mala
Y es blando como manteca:
Hasta la hacienda baguala
Cai al jagüel con la seca."
"No andés cambiando de cueva;
Hacé las que hace el ratón.
Conserváte en el rincón
En que empezó tu esistencia:
Vaca que cambia querencia
Se atrasa en la parición."
Y menudiando los tragos
Aquel viejo, como cerro,
No "olvidés", me decía,"Fierro,
Que el hombre no debe creer
En lágrimas de mujer
Ni en la renguera del perro.
"No te debes afligir
Aunque el mundo se desplome.
Lo que más precisa el hombre
Tener, según yo discurro,
Es la memoria del burro,
Que nunca olvida ande come.
"Deja que caliente el horno
El dueño del amasijo;
Lo que es yo, nunca me aflijo
Y a todito me hago el sordo:
El cerdo vive tan gordo,
Y se come hasta los hijos.
"El zorro que ya es corrido
Dende lejos la olfatea;
No se apure quien desea
Hacer lo que le aproveche
La vaca que más rumea
Es la que da mejor leche."
"El que gana su comida
Güeno es que en silencio coma;
Ansina, vos, ni por broma
Querás llamar la atención:
Nunca escapa el cimarrón
Si dispara por la loma."
"Yo voy donde me conviene
Y jamás me descarrío;
Lleváte el ejemplo mío,
Y llenarás la barriga:
Aprendé de las hormigas:
No van a un noque vacío."
"A naides tengás envidia:
Es muy triste el envidiar;
Cuando veás a otro ganar,
A estorbarlo no te metas:
Cada lechón en su teta
Es el modo de mamar."
"Ansí se alimentan muchos
Mientras los pobres lo pagan;
Como el cordero hay quien lo haga
En la puntita, no niego;
Pero otros, como el borrego,
Todo entera se la tragan."
"Si buscás vivir tranquilo
Dedicate a solteriar
Más si te querés casar,
Con esta alvertencia sea:
Que es muy difícil guardar
Prenda que otros codicean."
"Es un bicho la mujer
Que yo aquí no lo destapo,
Siempre quiere al hombre guapo;
Mas fijate en la eleción,
Porque tiene el corazón
Como barriga de sapo."
Y gangoso con la tranca,
Me solia decir: "Potrillo,
Recién te apunta el cormillo,
Mas te lo dice un toruno:
No dejés que hombre ninguno
Te gane el lao del cuchillo."
"Las armas son necesarias,
Pero naides sabe cuándo;
Ansina, si andás pasiando,
Y de noche sobre todo,
Debés llevarlo de modo
Que al salir, salga cortando."
"Los que no saben guardar
Son pobres aunque trabajen;
Nunca, por más que se atajen,
Se librarán del cimbrón:
Al que nace barrigón
Es al ñudo que lo fajen."
"Donde los vientos me llevan
Allí estoy como en mi centro;
Cuando una tristeza encuentro
Tomo un trago pa alegrarme:
A mí me gusta mojarme
Por ajuera y por adentro."
"Vos sos pollo, y te convienen
Toditas estas razones;
Mis consejos y leciones
No echés nunca en el olvido:
En las riñas he aprendido
A no peliar sin puyones."
Con estos consejos y otros
Que yo en mi memoria encierro,
Y que aquí no desentierro,
Educándome seguía,
Hasta que al fin se dormía
Mesturao entre los perros.
Cuando el viejo cayó enfermo,
Viendo yo que se empioraba
Y que esperanza no daba
De mejorarse siquiera,
Le truje una culandrera
A ver si lo mejoraba.
cuanto lo vió, me dijo:
"Este no aguanta el sogazo:
Muy poco le doy de plazo;
Nos van ha dar un epetáculo,
Porque debajo del brazo
Le ha salido un tabernáculo."
Dice el refrán que en la tropa
Nunca falta un güey corneta:
Uno que estaba en la puerta
Le pegó el grito ahi no más:
"Tabernáculo,... !que bruto!
Un tubérculo dirás."
Al verse ansí interrumpido,
Al punto dijo el cantor:
"No me parece ocasión
De meterse los de ajuera;
Tabernáculo, senor,
Le decía la culandrera."
El de ajuera repitió,
Dándole otro chaguarazo:
"Allá va un nuevo bolazo
Copo y se la gano en puerta
A las mujeres que curan
Se las llama curanderas."
No es güeno -dijo el cantor-
Muchas manos en un plato
Y diré al que ese barato
Ha tomao de entrometido,
Que no creia haber venido
A hablar entre literatos.
Y para seguir contando
La historia de mi tutor,
Le pediré a ese dotor
Que en mi inorancia me deje,
Pues siempre encuentra el que teje
Otro que teje mejor.
Seguía enfermo, como digo,
Cada vez más emperrao;
Yo estaba ya acobardao
Y lo espiaba dende lejos;
Era la boca del viejo
La boca de un condenao.
Allá pasamos los dos
Noches terribles de invierno:
El maldecía al Padre Eterno
Como a los Santos benditos,
Pidiendolé al diablo a gritos
Que lo llevara al infierno.
Debe ser grande la culpa
Que a tal punto mortifica;
Cuando vía una reliquia
Se ponía como azogado,
Como si a un endemoniado
Le echaran agua bendita.
Nunca me le puse a tiro,
Pues era de mala entraña;
Y viendo herejía tamaña,
Si alguna cosa le daba,
De lejos se la alcanzaba
En la punta de una caña.
"Será mejor", decía yo,
"Que abandonado lo deje,
Que blasfeme y que se queje,
Y que siga de esta suerte,
Hasta que venga la muerte
Y cargue con este hereje."
Cuando ya no pudo hablar
Le até en la mano un cencerro,
Y al ver cercano su entierro,
Arañando las paredes,
espiró allí entre los perros
Y este servidor de ustedes.
Le cobré un miedo terrible
Después que lo vi dijunto;
Llamé al alcalde, y al punto
Acompañado se vino
De tres o cuatro vecinos
A arreglar aquel asunto.
"Anima bendita", dijo
Un viejo medio ladiao
"Que Dios lo haiga perdonao,
Es todo cuanto deseo,
Le conocí un pastoreo
De terneritos robaos."
"Ansina es", dijo el Alcalde;
"Con eso empezó a poblar;
Yo nunca podré olvidar
Las travesuras que hizo;
Hasta que al fin fué preciso
Que le privasen carniar.
"De mozo fue muy jinete:
No lo bajaba un bagual;
Pa ensillar un animal
Sin necesitar de otro,
Se encerraba en el corral,
Y alli golpiaba el potro."
"Se llevaba mal con todos:
Era su costumbre vieja
El mesturar las ovejas,
Pues al hacer el aparte
Sacaba la mejor parte,
Y despues venía con quejas."
"Dios lo ampare al pobrecito",
Dijo en seguida un tercero.
"Siempre robaba carneros;
En eso tenía destreza:
Enterraba las cabezas
Y despues vendía los cueros
"!Y qué costumbre tenía
Cuando en el jogón estaba!
Con el mate se agarraba
estando los piones juntos.
-Yo tallo -decía-y apunto-
Y a ninguno convidaba."
"Si ensartaba algún asao
-!Pobre! !como si lo viese!-,
Poco antes de que estuviese
primero lo maldecía,
Luego después lo escupía
Para que naides comiese."
"Quien le quitó esa costumbre
De escupir el asador
Fue un mulato resertor
Que andaba de amigo suyo:
Un diablo muy peliador
Que le llamaban barullo."
"Una noche que les hizo
Como estaba acostumbrao,
Se alzó el mulato enojao
Y le gritó: -!viejo indino,
Yo te he de enseñar, cochino,
A echar saliva al asao!-"
"Lo saltó por sobre el juego
Con el cuchillo en la mano;
!La pucha el pardo liviano!
En la mesma atropellada
Le largó una puñalada
que la quitó otro paisano.:
"Y ya caliente barullo,
Quiso seguir la chacota;
Se le había erizao la mota
Lo que empezó la reyerta:
el viejo ganó la puerta
Y apeló a las de gaviota."
"De esa costumbre maldita
dende entonces se curó;
A las casas no volvió:
Se metió en un cicutal
Y alli escondido pasó
Esa noche sin cenar."
Esto hablaban los presentes,
Y yo, que estaba a su lao
Al oir lo que he relatao,
Aunque él era un perdulario,
Dije entre mí: "!Que rosario
Le estan lanzando al finao!."
Luego comenzó el Alcalde
A registrar cuanto había,
Sacando mil chucherias
Y guascas y trapos viejos,
Temeridá de trebejos
Que para nada servían.
Salieron lazos, cabrestos,
Coyundas y maniadores,
Una punta de arriadores,
Cinchones, maneas, torzales
Una porción de bozales
Y un montón de tiradores.
Habia riendas de domar
frenos, estribos quebraos;
Bolas, espuelas, recaos,
Unas pavas, unas ollas,
Y un gran manojo de argollas
De cinchas que había cortao.
Salieron varios cencerros,
Alesnas, lonjas, cuchillos,
Unos cuantos cojinillos
Un alto de jergas viejas,
Muchas botas desparejas
Y una infinidá de anillos.
Había tarros de sardinas,
Unos cueros de venao,
Unos ponchos aujeriaos,
Y en tan tremendo entrevero
Apareció hasta un tintero
que se perdió en el Juzgao.
Decía el alcalde muy serio:
"es poco cunato se diga;
Había sido como hormiga.
He de darle parte al Juez.
!Y que me venga después
Con que no se los persiga!"
Yo estaba medio azorao
De ver lo que sucedía;
Entre ellos mesmos decían
Que unas prendas eran suyas,
Pero a mi me parecía
que estas eran aleluyas.
Y cuando ya no tuvieron
Rincón donde registrar,
Cansaos de tanto huroniar
Y de trabajar en balde,
"Vámosnos", dijo el Alcalde,
"Luego lo haré sepultar.
Y aunque mi padre no era
El dueño de ese hormiguero,
El, allí muy cariñero,
Me dijo con muy buen modo:
"Vos serás heredero
Y te harás cargo de todo."
"Se ha de arreglar este asunto
Como es preciso que sea;
Voy a nombrar albacea
Uno de los circustantes;
Las cosas no son como antes
Tan enredadas y feas."
"!Bendito Dios!', pensé yo,
"Ando como un pordiosero,
Y me nuembran heredero
De toditas estas guascas.
!Quisiera saber primero
Lo que se han hecho mis vacas!"
Se largaron, como he dicho,
A disponer el entierro;
Cuando me acuerdo me aterro:
Me puse a llorar a gritos
Al verme allí tan solito
Con el finao y los perros.
Me saqué el escapulario,
Se lo colgué al pecador,
Y como hay en el señor
Misericordia infinita,
Rogué por la alma bendita
Del que antes jué mi tutor.
No se calmaba mi duelo
De verme tan solitario;
Ahí le champurrié un rosario
Como si juera mi padre,
besando el escapulario
Que me había puesto mi madre.
"Madre mía", gritaba yo,
"Donde estarás padeciendo?
El llanto que estoy virtiendo
Lo redamarías por mí,
Si vieras a tu hijo aquí
Todo lo que esta sufriendo."
Y mientras ansí clamaba
Sin poderme consolar,
Los perros, para aumentar
Mas mi miedo y mi tormento,
En aquel mesmo momento
Se pusieron a llorar.
Libre Dios a los presentes
De que sufran otro tanto;
Con el muerto y esos llantos
Les juro que faltó poco
Para que me vuelva loco
En medio de tanto espanto.
Decían entonces las viejas,
Como que eran sabedoras,
Que los perros cuando lloran
Es porque ven al demonio;
Yo creía en el testimonio
Como cré siempre el que inora.
Ahi dejé que los ratones
Comieran el guasquerío
Y como anda a su albedrío
Todo el que güerfano queda,
Alzando lo que era mío
Abandoné aquella cueva.
Supe después que esa tarde
Vino un pión y lo enterró;
Ninguno lo acompañó
Ni lo velaron siquiera;
Y al otro día amaneció
Con una mano dejuera.
Y me ha contao además
El gaucho que hizo el entierro
-Al recordarlo me aterro,
Me da pavor este asunto-
Que la mano del dijunto
Se la había comido un perro.
Tal vez yo tuve la culpa
Porque de asustao me fuí;
Supe, despues que volví,
Y asigurárselos puedo,
Que los vecinos, de miedo,
No pasaban por allí.
Hizo del rancho guarida
La sabandija mas sucia
-El cuerpo se despeluza
Y hasta la razón se altera-;
Pasaba la noche entera
Chillando allí una lechuza."

